Cuando realizamos cualquier tipo de compra, lo último que queremos es sentirnos mal por lo que acabamos de hacer; si tienes hijos, nunca les comprarías algo que sabes que no es bueno para ellos; si tenemos la certeza de que unas zapatillas han sido fabricadas por unos niños bajo esclavitud, nunca se nos ocurriría comprarlas. Lo único que queremos es realizar un consumo que nos satisfaga y que no remueva nuestra conciencia. Pero si además sabemos que adquiriendo ese producto contribuimos positivamente en algo, esa satisfacción aumenta considerablemente. ¿No gusta más comprar un producto que destina parte de sus ingresos a un fin social que uno que no lo hace? Pues en el ámbito del medio ambiente existe el consumidor verde.

Un interesante estudio realizado por Deloitte muestra como el incremento de la preocupación por el consumo verde va en aumento y eso lo han captado las empresas líderes, que se están adelantando incluso a los marcos regulatorios. El estudio también tiene unas interesantísimas conclusiones que cualquier empresa debería tener en cuenta:

  • No existe un perfil concreto de consumidor verde y este está presente en cualquier nivel de ingresos, edad, nivel educativo o tamaño de hogar.
  • La forma de consumo a medio plazo va a cambiar; el 84% de los Millenials declaran que quieren contribuir a la mejora del mundo a través de lo que consumen y para quién trabajan y esperan que los productos que consuman sean «explícitamente verdes».
  • La combinación de regulación por parte de las administraciones, la productividad de las empresas y el cambio de los consumidores, va a marcar la pauta del futuro en el tipo de servicios y productos que se ofrecerán.
  • Aunque hay una minoría de consumidores que están más concienciadas y aceptan pagar algo más, en general la mayoría de consumidores esperan que el precio de los productos más sostenibles no se diferencie de los «normales».

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En una perspectiva a 2020, se cree que los consumidores serán en su mayoría «verdes» en el sentido de que esperarán que lo que consuman sea sostenible y darán por hecho que las empresas han hecho el trabajo por ellos, así que aquellas que no lo sean, caerán en la irrelevancia y perderán competitividad.

También las empresas tendrán que tener muy en cuenta sus cadenas de suministros, que cada día son más complejas y abarcan relaciones entre continentes. Esto obliga a las empresas a colaborar con sus proveedores para mejorar la sostenibilidad, mejorando la eficiencia, los costes y promoviendo la innovación. Además este control ayuda a no cometer infracciones legislativas, que no solo pueden acarrear fuertes multas económicas, sino que pueden tener negativas consecuencias en nuestra imagen, llegando incluso a que se promuevan boicots. Por eso la transparencia corporativa también es un elemento fundamental, ya que la interconexión entre consumidores es enorme y es fácil que se den cuenta de los engaños.

La comunicación, un factor clave y una oportunidad para las empresas

Según el estudio, un 95% de los encuestados están dispuestos a tener en cuenta los productos verdes a la hora de comprar, y el 67% los buscan específicamente, pero tan solo el 47% los encuentra. Esto deja un margen de oportunidad muy grande para las empresas que comiencen hoy con una política de marketing verde, en el que cada día habrá más actores interesados.

Así que ya sabes, si incluyes una estrategia bien definida, honesta y bien comunicada de marketing medioambiental en tu empresa, habrás tomado una buena decisión 😉

 

 

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